16 de October de 2026

Cosechando Noches.

Cosechando Noches.

Cuando el campo ya se había quedado sin luz, ella seguía allí, plantada sobre sus enormes ruedas como un buey de hierro que se negó a jubilarse. La cosechadora: oxidada, naranja de herrumbre y de recuerdos, con el nombre aún grabado en el morro, Deutz-Fahr, como una firma que ningún invierno logró borrar.

El cielo se había llenado de estrellas, y por el borde de la tierra se apagaba el último rescoldo del día. No se oía nada, solo el viento rozando la hierba. Abrí el obturador y empecé a dibujar con luz: un barrido cálido sobre el óxido, un resplandor frío dentro de la cabina, un poco de verde amarillento derramado bajo el vientre de la máquina, como si el campo respirase por debajo.

Y entonces, al volante, alguien. Una silueta quieta tras el cristal, con las manos en el timón, como si la cosecha pudiera arrancar de nuevo con solo desearlo.

No hubo trigo esa noche. Hubo luz, tiempo y un viejo motor soñando que aún tenía trabajo por hacer.

Ver también: Vehículos →

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